| 16 de Noviembre |
| Escrito por Julieta Montoya | ||||
Página 1 de 2 Este pulgarcito se llama El Salvador, país pequeño al que le ha tocado soportar grandes sufrimientos causados no solo por la represión política y una guerra cruel y prolongada sino también por tornados, inundaciones, huracanes y demás fenómenos naturales. Pero tal vez, la guerra sea lo que más secuelas dejó, porque, como todos saben, duró doce años, si, doce años de enfrentamientos, asesinatos masivos de hombres, mujeres, niños, gente desplazada de sus comunidades, de gente hostigadas y asesinada por el ejército salvadoreño. Entre estos hostigamientos y masacres, están: La masacre del Sumpul en las orillas del río con el mismo nombre, allí el ejército salvadoreño asesina al menos a 300 campesinos , y la masacre del Mozote, una pequeña población rural. Ahí, el batallón Atlacalt obliga a los pobladores a permanecer encerrados hasta el día siguiente, advirtiendo que dispararían contra cualquier persona que saliera. Las tropas permanecieron en la aldea durante toda la noche. A la mañana siguiente, reunieron a la población entera en la plaza. Primero fueron torturados y ejecutados los hombres, luego fueron ejecutadas las mujeres y, finalmente, los niños en el mismo lugar donde se encontraban encerrados. El número de víctimas identificadas excedió de doscientas. La cifra aumenta si se toman en cuenta las demás víctimas no identificadas. Estos hechos ocurrieron en el transcurso de una acción anti guerrillera denominada "Operación Rescate", en la cual, además del Batallón Atlacatl, participaron unidades de la Tercera Brigada de Infantería y del Centro de Instrucción de Comandos de San Francisco Gotera. Que increíble que se cambien el sentido de las palabras tan explícitamente, “operación rescate”, ¿rescate de quien? Más bien debería haberse llamado “operación masacre”. Los aniversarios pueden ser invisibilizados, sin embargo toda estas personas; víctimas de atropellos, torturas y asesinatos aún claman justicia, y esperan que los culpables sean encerrados. Son sus familiares quienes continúan, quienes siguen gritando por justicia, como pasa en tantos otros países de nuestra América. Los sobrevivientes y familiares también necesitan esa justicia para ir acomodando esa ausencia, necesitan los restos, los cuerpos, un lugar donde enterrarlos, necesitan saber si sus hijos fueron secuestrados y traslados a otros países, o simplemente vendidos, todavía a pesar de los años, los buscan y los esperan. Estas son algunas de las consecuencias con que lidian tanto los vivos como los muertos y esto también es parte de una historia que suele quedar oculta, porque los estados implementan mecanismos para tapar lo que duele, lo que implica admitir el abuso de poder, el autoritarismo, en definitiva el sufrimiento de unas minorías que quieren aniquilar, porque son la resistencia, porque son la fuerza que les impide aplicar modelos de país que favorecen a un sector minoritario en detrimento de los pueblos. Todos estos años de guerra civil, no se resolvieron con los acuerdos, aún siguen familias separadas, porque sus hijos fueron enviados con identidades cambiadas a otros países. Aún siguen cadáveres sin ser reconocidos, siguen torturadores sin ser encarcelados ni juzgados, y una sociedad que trata de continuar como si nada hubiera pasado. Estos actos, estas masacres, muertes, separaciones y todos los otros crímenes siguen impunes, a la espera de que los culpables sean castigados por el peso de la justicia. Habría seguramente más razones por las cuales ir una y otra vez a la historia de este pueblo salvadoreño, pero vamos a referirnos a ese 16 de noviembre de 1989.Durante esa madrugada en las instalaciones de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” fueron asesinados por miembros del ejército salvadoreño seis sacerdotes y dos empleadas, Los sacerdotes fueron: Ignacio Ellacuría (rector de la UCA), Ignacio Martín-Baró, Amando López, Juan Ramón Moreno y Segundo Montes, de la misma nacionalidad, y el salvadoreño Joaquín López y López, además de la señora Elba Ramos y su hija Celina, de 16 años.Este asesinato también ha quedado impune. En el año 1991, gracias a que fueron desmontadas las mentiras para tapar el crimen, fueron condenados el coronel Guillermo Benavides y otros nueve militares, pero en 1993 quedaron en libertad gracias a una ley de amnistía, y nunca se señaló ni se juzgó a quienes impartieron las ordenes. Y esto también es parte de la historia salvadoreña, que cada año se convoca en la UCA; para exigir justicia, para conmemorar la lucha de estos jesuitas, para no olvidar. Los aniversarios sirven para ello, para recordar, para hacer presente, y las calles, las aulas, los pasillos, el parqueo, los jardines de la Universidad se tiñen de colores, de comidas, de música, de oración, de faroles, de luz, de voces; y son los campesinos, los niños, jóvenes, mujeres y hombres quienes portan esos matices, esos olores y colores. En definitiva es el pueblo, el que se encarga de hacer presente esas vidas, de testimoniar el compromiso de estos jesuitas de sus compañeras y de tantos y tantas mujeres, hombres y niños asesinados y desaparecidos.Sería bueno contarles porque digo colores, olores, luz, voces, porque en las calles de la UCA la gente realiza alfombras de arena que tiñe de colores, y allí hacen dibujos, símbolos, escriben mensajes, consignas, frases. Luego al caer la tarde se hace una procesión de faroles, velas, y adornos con flores, allí se ven replicas y dibujos de las caras de los jesuitas, pareciera que ellos caminan también a través de las mantas, y rodean toda la universidad, como abrazándola: luego la celebración de la homilía, generalmente a cargo del Rector de la UCA y luego música, poesía, baile, que van cerrando la noche hasta el amanecer. Por eso recalco tanto esta festividad, porque allí una vez más los jesuitas vuelven a dar su presente, a caminar entre la gente, a refrescarnos sus ideales y su lucha. ¿Quién es Ignacio Martín-Barò? Primero que todo era sacerdote, era y es el Padre NACHO. Nació un 7 de noviembre de 1942, en Valladolid (España). A los diecisiete años entró en el noviciado de la Compañía de Jesús de Orduña. Tiempo después lo enviaron al de Santa Tecla, en El Salvador, y luego salió para Quito, donde estudió humanidades clásicas, en la Universidad Católica; tiempo después obtuvo la licenciatura en filosofía y letras, en la Universidad Javeriana en Bogotà.En 1966, interrumpió sus estudios, como suele ocurrir en la formación de los jesuitas, y fue destinado al Colegio Externado, donde fue profesor e inspector durante dos años. Ese mismo año fue enviado a estudiar teología en Frankfurt. Su último año lo hizo en San Salvador. El regreso de Martín-Baró fue parte del esfuerzo de Ellacuría por traer a Centroamérica la formación de los estudiantes jesuitas.Siempre tuvo cierta inclinación por la psicología y se dedico a estudiarla, lo hizo en la UCA. Insatisfecho con la licenciatura en psicología, optó por la especialización en Estados Unidos, primero obtuvo la Maestría en Ciencias Sociales en y dos años más tarde, en 1979, recibió el título de doctor en psicología social y organizativa. En la tesis de maestría trabajó las actitudes sociales y los conflictos grupales en El Salvador y en la de doctorado, la densidad demográfica de las clases populares salvadoreñas. Como podrán ver sus temas siempre ligados a los problemas concretos de la población de la población salvadoreña. Terminados los estudios de postgrado, regresó a San Salvador y a la UCA, donde reanudó su actividad docente. Fue Vicerrector Académico y miembro de la Junta de Directores. Fue decano de los estudiantes, por cierto un decano muy popular y querido. En 1989, al dividirse la Vicerrectoría Académica, pasó a ser Vicerrector de Postgrados y en Director de Investigaciones. Desde 1982 fue jefe del Departamento de Psicología. |
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En este texto, el filósofo español Santiago Alba Rico trata el tema de la abundancia y la escasez en el capitalismo, sus paradojas e implicaciones, rastreando así el tema, también, de la creación y supuesta satisfacción de necesidades en el orden social imperante, y la inevitable mercantilización de objetos y personas,llegando a la producción, abudante, de la muerte. Más... |