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Una tarea central en la educación popular es la enseñanza - aprendizaje en y con grupos. Conocer algunas pautas teóricas para leer al Grupo como dispositivo, permite apropiarse mejor de procesos por los cuales seguramente todos transitamos en nuestra vida cotidiana y profesional. Apostamos a producir una primera distancia crítica con un dispositivo que es continuamente instrumento y objeto de aprendizaje. Ir al artículo Más... |
| La Dimensión política y el compromiso en Psicología de la Liberación: aportes a la discusión |
| Escrito por Ignacio Dobles Oropeza |
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Esta ponencia fue presentada el 9 de noviembre del año en curso en el VIII Congreso Internacional de Psicología Social de la Liberación, ofreciendo una serie de consideraciones y propuestas a la discusión acerca de lo que implica el compromiso y la actuación política en un campo que debería implicar, siguiendo lo delineado por Ignacio Martín-Baro como un reto a construir, un horizonte de elaboración colectiva y democrática, desde el compromiso con las víctimas.
* Ponencia presentada en el VIII Congreso Internacional de Psicología Social de la Liberación, Santiago de Chile, 8, 9 y 10 de Noviembre de 2007.
Desde hace casi ya diez años se efectúa la sucesión de congresos internacionales de Psicología Social de la Liberación, inspirados por la obra y el compromiso de Ignacio Martín-Baró. En ese lapso tuvimos la crisis argentina del 2001, con fenómenos como los cartoneros y los piqueteros, el 11 de septiembre, Afganistán, Irak, Abu Ghraib, el fin del “Consenso de Washington”, un golpe de estado revertido por la movilización popular en Venezuela, Oaxaca, Atenco, protestas estudiantiles y sindicales en Chile, las batallas por el agua y demás recursos naturales, Foros sociales, TLCs, nuevos gobiernos-de signo muy diferente- en Ecuador, Bolivia y otros países, elecciones cuestionadas en México, mayor pobreza y exclusión, y, mayor pobreza y exclusión. América Latina, por otro lado, como afirmara recientemente Noam Chomsky, es actualmente la región del mundo donde más se expresan fuerzas del cambio.
¿Y esta realidad dinámica, pletórica, podríamos decir, se expresa en nuestras reuniones, y de que manera? ¿Qué lecturas hacemos de todo esto? ¿Discernimos los alcances, las perspectivas y los dilemas de tantos esfuerzos de quienes nunca asistirán a un evento como los que nos reúnen cada año o cada dos?
Y en estos “tiempos muertos” de crisis de partidos, de teleces que desplazan a constituciones políticas, de desencantamiento y escepticismo, quisiera retomar a Badiou para visualizar lo político, el actuar políticamente, como lo que puede romper el continuo retorno de lo mismo, que solo puede ser opresión: el “desfile triunfal de los vencedores de siempre”, como escribía Walter Benjamín en 1940.
En Liberia, en el 2005, Alba Rico nos señalaba que los sectores que luchan contra la globalización neoliberal tienen el mal gusto de ser muy repetitivos (como las luchas en torno a la memoria, que por necesarias e insistentes pueden aburrir cuando se pierde de vista a las víctimas) pero es que la represión y la expoliación, como la pobreza, tienden siempre a parecerse.
La opresión es lo más repetitivo que hay, y no nos queda mas que ser tercos y tenaces, nosotros, como las minorías activas de Moscovici. El cansancio es el principal enemigo de la política, dice Badiou, aunque quizás debamos agregar el aburrimiento de algunos intelectuales.
Tampoco podemos, los tercos y las tercas, dejar las cosas como si nosotros fuésemos los acusados, los culpables. Afirmaba Badiou, hablándole a trabajadores y sus dirigencias en el 2000 en Argentina: “El acusado, actualmente, sigue siendo el capitalismo y su política. No debemos aceptar ser nosotros los acusados. Si cometimos errores podemos discutirlos entre nosotros”. (40)
Aunque tiene algún sentido, tremenda encerrona (no trágica sino absurda) y cortocircuito sin remedio sería concluir que el producto principal de nuestro esfuerzo es “liberarnos de nosotros mismos”. Para eso mejor la terapia individual.
Quisiera rescatar, también, el concepto de movimiento social de Badiou: como aquello capaz de instituir sus propios tiempos y formas, desmarcándose del poder hegemónico y al mismo tiempo evidenciándolo en su justa medida (en tanto que toda actuación contestataria eficaz tendrá alguna respuesta de un poder dominante), como fenómeno necesariamente colectivo, con acciones que busquen e impliquen mayor justicia.
¿No debería apuntar a eso, más allá de los rituales académicos y los encierros cupulares, un esfuerzo de articulación de una sensibilidad de liberación como el que, a mi juicio, nos proponemos muchos?
Para Martín-Baró construir una “Psicología de la Liberación” implicaba desarrollar una psicología inspirada en el “principio liberación”, que tuviera sus propias tareas y contribuciones específicas, en estrecha vinculación con los vaivenes y las suertes de movimientos sociales organizados. Me baso en discusiones desarrolladas en el Departamento Ecuménico de Investigación, en Costa Rica, para postular que apostar al Principio Liberación, es una manera, en nuestro ámbito de acción, de afirmar una ética de vida, una ética de la liberación que implica, como principio fundamental, contribuir a producir y reproducir la vida humana, en su corporeidad, en lo simbólico y pulsional, en sus características específicas y diversas, y en comunidad.
Martín- Baró, en su obra truncada por el odio y las balas, pasó, vertiginosamente, de una revisión critica y una relectura de la psicología social a una psicología política, para llegar luego a una Psicología de la Liberación, ya que discernir el funcionamiento del poder en su expresión psíquica no parecía ser suficiente. Psicología de la Liberación que al aspirar a constituir “comunidad critica” con las víctimas que son negadas en los sistemas que producen muerte, no puede sino lidiar con la lógica y la configuración de estructuras y lógicas de dominación, no solo en sus efectos, sino en su configuración misma.
Es, también, con la clara inspiración de una Teología de la Liberación que algunos quisieran petrificar, una óptica que privilegia la praxis, o, la ortopraxis. Vale mas el aprendizaje masivo, por ejemplo, de miles de costarricenses en las difíciles luchas de los comités patrióticos, con sus aciertos y sus errores, contra un Tratado de Libre Comercio que desmantela a un estado social que el más “lúcido” análisis, a distancia y a resguardo seguro, de los muchos errores que cometen los sectores populares en sus faenas. El purito academicista no sirve aquí. Martín-Baró decía, refiriéndose al “agarrotamiento intelectual”: "No intentar avanzar mientras no se hayan atado todos los cabos teóricos y previsto todos los peligros. Ello equivaldría a la parálisis, y en la práctica a un abandono del compromiso histórico" (Martín-Baró, en Dobles, 1986, 73).
Una Psicología de la Liberación, por otro lado, implica-necesariamente- lidiar con el discernimiento de preceptos éticos como los que ha esbozado en su fructífera obra Enrique Dusell (1998): el principio de producción y reproducción de la vida, la validez intersubjetiva crítica, y la factibilidad, entre otros. Implica tener como sustento material ético de una propuesta liberadora a un ser humano corpóreo, pulsional, en comunidad. Ese tiene que ser nuestro referente último, “humanidad sufriente” (Marx) con la que hemos de cooperar para constituir “comunidad crítica”, de la que tenemos que formar parte, con la lógica de compañeros, no de maestros.
Martín-Baró fue claro en esto. Se trata del “compromiso crítico” con las aspiraciones, y los intereses de las mayorías. Parafraseando a un eminente teólogo, si la psicología elitista y críptica tiene tras de sí laboratorios y bibliotecas ilustradas, una psicología liberadora tiene tras de sí pueblos. Se privilegia la perspectiva de las víctimas, que, escribía IMB, no sólo “tienen más razón, sino mejor razón”. La calidad de esta perspectiva tiene que ver con la experiencia vital de quienes son negados por sistemas de dominación, que los coloca-como posibilidad, no como certeza- en mejores condiciones para explorar y apreciar la alteridad.
No se trata de que “no se pueda ignorar la injusticia y la miseria” (ya que hay muchas maneras de “no ignorarla”) sino de un involucramiento activo, solidario, cooperativo y una implicación personal con las víctimas en la compleja tarea de articular comunidades críticas que impulsen la transformación. {mospagebreak}
Bordieu, un convencido de la necesaria articulación entre intelectuales y sectores populares, escribía en 1995: “ Se ha vuelto de buen tono considerar con condescendencia sino con conmiseración todo lo que puede evocar cualquier forma de “compromiso” y por todas partes se concede la misma indulgencia a todas las trayectorias que han conducido a tantos revolucionarios intransigentes a posiciones envidiables del establishment literario, político o periodístico, y a las tomas de posición tranquilamente conservadoras que van de la mano”. (282)
Bien sabemos que tratar estos temas puede reproducir en nuestro campo dicotomías ya clásicas, como la de los “teóricos” vs. Los “prácticos”, o de los “científicos o académicos vs. los políticos”, que en última instancia reproducen la dicotomía griega (esclavista) entre los que piensan y los que hacen, pero el problema es que en la propuesta de una Psicología de la Liberación viene todo el paquete, junto, aunque no indiferenciado. No hay teorías para ser aplicadas, sino que estamos obligados a teorizar desde una praxis. Estas dicotomías muchas veces sirven, más bien, para desentenderse de compromisos concretos con quienes intentan transformar realidades opresoras. Hay que recordar a aquel Marx famoso de las Tesis sobre Feuerbach: “Lo que han hecho los filósofos ha sido interpretar el mundo. Se trata ahora de transformarlo” y podríamos agregar aquella genialidad de la tercera tesis: “los educadores también necesitan ser educados”.
También, creo, estamos en serios problemas si podemos hacer los mismos planteamientos aquí, allá, en cualquier contexto y circunstancia, y si carecemos de referencias empíricas, históricas, especificas. No en vano Ignacio Martín-Baró, en aquellos difíciles años de los ochenta (ya lo sé: todos los años son difíciles, pero las condiciones eran peores para la esperanza) empezaba generalmente sus exposiciones y escritos ofreciendo sus lecturas acerca de los procesos históricos y sociales, salvadoreños, latinoamericanos, y proponiendo ideas acerca de lo que la psicología podía hacer en esas coyunturas.
Una Psicología de la Liberación es necesariamente, una Psicología contextuada, y, como ha insistido Fernando Lacerda (2006), tiene que vérselas con la dominación que estructura en mayor grado las relaciones sociales, que es la dominación de clase, esa que se alborota tanto cuando los desposeídos, los ninguneados, como decía Roque Dalton, toman en serio aquello de que son “para sí”. No se trata de efectuar análisis mecanicistas y simplistas de un tipo de asimetría que se cruza con muchas otras, pero si de no ignorar su incidencia y sus efectos.
En la discusión póstuma de la obra de Ignacio Martín-Baró es interesante ver como a veces se destaca el “criticismo” que proponía (ya que, después de todo, a los científicos se les enseña a ser críticos, al menos metodológicamente) pero se pasa por alto que el primer término para este pensador era el del compromiso (con las víctimas). Hay una apropiación conservadora del pensamiento de Martín-Baró que domestica, que busca que se pierda el filo crítico de una contribución que es radical, en tanto va a las raíces del sufrimiento humano: la explotación, el lucro, la irracionalidad de los “guardianes del orden”. En esta perspectiva se critica, sobre todo, la perspectiva marxista presente, y se pretende desterrar su posible contribución, y la de una psicología liberadora, a un contexto y período histórico específico.
El “compromiso crítico” que esbozaba Martín-Baró apunta a la criticidad ante los proyectos populares (movimientos, partidos, programas), pero desde una perspectiva situada, de compromiso con las víctimas. Podemos escamotear cualquiera de los dos polos y no hacerle justicia a su planteamiento, lo que podría llevarnos a planteamientos tan exquisitos como el de afirmar que no importa con quien estemos comprometidos, podemos ser “martinbaronianos” en tanto seamos críticos ante lo que hacemos, camino que, por supuesto, lleva a confundir razón estratégica con razón instrumental (Hinkelammert).
Si en los años ochenta IMB identificaba la democratización del continente como la tarea fundamental a la que podía contribuir una psicología social, estamos hoy en día obligados a efectuar y discutir una apreciación de los ámbitos problemáticos que en el campo de lo político-entendido como el espacio en que se mueven fuerzas sociales con sus intereses y proyectos específicos- configuran la realidad en que se mueve nuestro esfuerzo de articulación.
Como un aporte a la discusión, considero que siguen teniendo enorme vigencia los cuatro ámbitos problemáticos generales que discerníamos en el 2006 como de enorme relevancia para una psicología que se estime propositiva, que no titubee al ser radical, en el mejor sentido de la palabra, de ir a las raíces, y que tampoco se deje delimitar exclusivamente por tiempos y fronteras académicas o academicistas.
Estos cuatro ámbitos problemáticos son:
1. El avance de dispositivos de seguridad nacional a escala planetaria, con el consecuente deterioro de la institucionalidad internacional de los derechos humanos, y, también, la consecuente criminalización de las luchas sociales.
2. Las implicaciones del fundamentalismo de mercado y sus expresiones ideológicas y psicosociales.
3. Las necesidades de trascender un esquema formalista y procedimental de la democracia para avanzar hacia democracias sustantivas, participativas.
4. La creciente vulnerabilidad ante fenómenos naturales, en el saqueo voraz de nuestro planeta, el despilfarro y la contaminación, con desastres “naturales” que son también sociales.
Hay muchos peligros en el horizonte. El primero, seguro, es dirimir si esta propuesta, este horizonte de “psicología de la Liberación” que propuso Martín-Baró es una empresa colectiva, sin dueños, en colaboración con movimientos sociales o populares, lo que ponen en tensión, también, a los instrumentos que utilicemos para promoverla, o si se reduce, simplemente, a una “marca” mas, en el mercado de la psicología, que esperamos que, al menos, nadie tenga la osadía de querer “patentar”.
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El sustento de un esfuerzo de esta naturaleza, su sujeto social, no podemos ser, a mi juicio, exclusivamente un conjunto de individuos de los sectores medios, con el apoyo de instituciones académicas u organizaciones no gubernamentales, sino que tendrían que ser las comunidades de víctimas, ojalá comunidades criticas, de las que aspiramos ser parte. Esto tiene que implicar, necesariamente, no negar lo que somos, pero si explorar formas de articulación con movimientos sociales y populares, por mas difícil que sea el camino. Implica, también, descartar el facilismo de separar experiencias micros, en las que nos podemos mover, seguramente, con mayor comodidad, de los procesos mayores que involucran a las mayorías en los contextos específicos.
Después de todo, no es la convocatoria a estos congresos lo que crea el ánimo y las condiciones necesarias para que la promoción del “principio liberación” en Psicología encuentre oídos y manos receptivas, sino que lo hace, en planos mayores, las luchas de los pueblos contra el libre comercio y el saqueo de los recursos naturales, los sin tierra, los indígenas ecuatorianos, chiapanecos, guatemaltecos y bolivianos, los campesinos y campesinas, los piqueteros, los mapuches, los sindicalistas resistiendo la flexibilización laboral. Decir esto no es demagogia, sino una rotunda y contundente apreciación sociológica, a menos de que estemos en otra cosa.
Pero tenemos que, también, crear comunidad hacia adentro, en esta sensibilidad organizada, lo que quiere decir que no debemos reproducir jerarquizaciones odiosas, como las de relegar los aportes estudiantes o convertirlos en mano de obra interesada, o de anteponer criterios formales o burocráticos a las necesidades de construcción y de comunicación entre quienes nos sentimos convocados, ya que lo único que nos puede articular es el interés en llevar adelante un compromiso, una labor compartida.
En lo mas inmediato, si es que aceptamos el reto de una propuesta realmente colectiva, y si queremos evitar el limitarnos a brincar (los pocos que pueden hacerlo) de congreso en congreso, deberíamos abocarnos a examinar, como se intentó en Liberia en el 2005, la articulación de redes y de instrumentos que faciliten la colaboración, el intercambio, los esfuerzos conjuntos y la discusión critica. Dos modestas contribuciones en este sentido, de un grupo de compañeras y compañeros han sido la red psicliberacion, en que participan hoy en día 630 personas de veinte países, y la revista electrónica Liber-acción, que funciona desde abril. Son espacios abiertos a todos. Pero tenemos que hacer mucho más, o terminar, inofensivamente, diluyéndonos en una serialidad inofensiva, que no le hará ni cosquillas al poder hegemónico.
Estoy convencido, que cuando nos reunimos en estos cónclaves debemos tener muy presentes, también, a quienes por un sin número de limitaciones y obstáculos no pueden hacerse presentes, pero que se sienten comprometidos con el esfuerzo. Entre otras cosas, esto debería llevarnos a explorar modalidades para que los congresos no ubiquen a la mayoría de los participantes como entes pasivos que a lo sumo podrán hacer alguna pregunta a doctos expositores. Tendríamos que seguir explorando modalidades como talleres, o mesas de trabajo, que estimulen redes y acciones colaborativas.
También deberíamos preocuparnos por que nuestras reflexiones lleven a productos que puedan ser compartidos con otros, ofreciendo insumos y posibilidades para la acción y reflexión.
Tenemos el enorme reto, entonces, de explorar y poner en práctica esfuerzos que permitan darle una continuidad a este trabajo compartido, a este compromiso. Me parece que lo mas acertado, en esa dirección, es abocarnos a instituir grupos de trabajo sobre problemáticas o tareas particulares, para que en torno a ellas pongamos en tensión los diversos aportes teóricos, metodológicos y conceptuales que somos capaces de proponer. Me he permitido, por mi parte, sugerir algunas posibilidades. Debemos tener coordinación, pero no jerarquías, y las decisiones fundantes (estratégicas, organizativas, incluyendo las sedes de futuros congresos) deben adoptarse en los momentos de convocatoria mas democrática que tenemos hasta ahora, que son los congresos.
Lo único que podemos poner en esto, además del cuerpo, es nuestra voluntad de actuar en conjunto, de crear y de construir, sobre la base de un compromiso efectivo. Y esto es mucho. Pero no podemos ni debemos estructurar las tareas desde articulaciones verticales , ni desde la lógica de “voceros oficiales”.
Somos diversos, como movimiento, y estimulamos el trabajo colectivo, en redes y grupos de trabajo, o, sencillamente, no somos.
Termino destacando el hecho de que no encontraremos, en toda la obra de Ignacio Martín-Baró, el uso del concepto “Psicología Social de la Liberación”, que pueda ser retomado para presentar un campo de la psicología social delimitado, con sus metodologías o concepciones “correctas”. Lo que tenemos frente a nuestros ojos, en la importante conferencia de 1986 en Puerto Rico es la tarea es avanzar “hacia una psicología de la liberación”, en los diferentes campos de acción posibles.
Ese es el horizonte que se nos invitaba a contemplar, para tomar aliento y recuperar terreno.
Referencias Badiou, A. (2000) Movimiento Social y Representación Política. Buenos Aires: Instituto de Estudios y Formación. Central de Trabajadores Argentinos (CTA). Bourdieu, P. (2005) Intervenciones, 1961-1995. Ciencia Social y Acción Política. Córdoba: Ferreira Editor. Dobles, I. (1986) “Psicología Social desde Centroamérica. Entrevista con el Dr. Ignacio Martín-Baró”.Revista Costarricense de Psicología, 7-8, 81-86. Dusell, E. (1998) Ética de la Liberación en la era de la Globalización y la Exclusión. Mexico; UAM Itztapalapa. Gallardo, Helio (1986) Elementos de Política en América Latina. San José: Departamento Ecuménico de Investigaciones, 11-82. Lacerda, F. (2006) “¿Liberarse de que? ¿Liberarse para que? En Dobles, I., Baltodano, S., Leandro, V. Psicología de la Liberación en el contexto de la Globalización Neoliberal: acciones, reflexiones y desafíos. San José: Editorial Universidad de Costa Rica, 201-208. Martín-Baró, I. (1986) “Hacia una Psicología de la Liberación” Boletín de Psicología. UCA,, 22, 219-231. Séptimo Congreso Internacional de Psicología Social de la Liberación (2005) Manifiesto de Liberia. www.liber-accion.org
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