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Las tres dimensiones del terrorismo político
Considero que es importante historizar -ubicar en un contexto histórico- los hechos de terrorismo político en nuestros países latinoamericanos. En América Central, y particularmente en El Salvador, para entender hoy en día lo que significa el terrorismo político, hay que examinar tres dimensiones separadas del problema:
La primera tiene que ver con quien perpetra el terrorismo político. Es decir, tenemos que preguntarnos si es llevado a cabo por individuos aislados o grupos de gente que representa a intereses especiales, o si es terrorismo llevada a cabo por el estado.
La segunda dimensión implica ver al terrorismo como una serie de eventos extraordinarios, o, de manera alternativa, verlo como un evento ordinario, cotidiano.
La tercera dimensión examina las consecuencias políticas del terrorismo político- las consecuencias para el individuo, vs. las consecuencias colectivas.
Permítanme ubicar someramente a estas tres dimensiones en el contexto de la situación actual en El Salvador.
El terrorismo de grupos pequeños vs. el terrorismo de estado
Es cierto que en El Salvador tenemos terrorismo político ejecutado por pequeños grupos como los escuadrones de la muerte, operando en los bordes del sistema social. No considero que todos los escuadrones de la muerte puedan ser vinculados de manera directa a una fuerza social significativa en el sentido de que sean parte de la Guardia Nacional, las Fuerzas Armadas, o alguna otra entidad organizada por el gobierno. Algunos de los escuadrones de la muerte operan bajo la dirección de grupos muy pequeños de millonarios, de dueños privados de la tierra, etc.
Hay también terrorismo llevado a cabo por grupos insurgentes, por el FMLN; es importante reconocer esto. Por ejemplo, muy recientemente ocho alcaldes de pueblos pequeños fueron asesinados por el FMLN y más de 30 alcaldes de otros lugares han sido obligados a renunciar. Considero a estos asesinatos y a estas renuncias obligadas actos de terrorismo.
Pero ante este tipo de terrorismo a pequeña escala perpetrado por grupos pequeños y por el FMLN encontramos el tipo más común de terrorismo que tenemos que sufrir en El Salvador: el terrorismo de estado. Esto involucra el aterrorizar a toda la población mediante acciones sistemáticas llevados a cabo por fuerzas del estado, por ejemplo, las fuerzas militares y de seguridad. Aunque no sean ordenados directamente por el gobierno, estos actos con toda certeza son aceptados y encubiertos por el gobierno. Y déjenme agregar que en tanto que este terrorismo de estado es conducido por las fuerzas armadas y las fuerzas de seguridad, y encubierto por el gobierno, el gobierno de los Estados Unidos está también involucrado y comparte la responsabilidad.
Cuando pensamos sobre el terrorismo, es importante entender que en contraposición a la imagen que presentan los medios masivos, de una acción específica, o un acto de locura, llevado a cabo por grupos pequeños de palestinos, o libios, o quienes fueran, no debemos perder de vista que su forma más perniciosa es el terrorismo sistemático de estado.
Eventos extraordinarios vs. eventos ordinarios
La segunda dimensión examina al terrorismo político en tanto se compone de eventos extraordinarios, o de eventos ordinarios. Con toda seguridad hay actos de terrorismo que ocurren muy rara vez y pueden ser considerados por lo tanto eventos extraordinarios. Por ejemplo, el último 21 de setiembre (de 1988), una patrulla militar mató a diez campesinos en San Sebastian en el Departamento de San Vicente en la parte central de El Salvador. Esto ciertamente no fue un evento común. Fue extraordinario por el mismo hecho de haber ocurrido y también por el hecho de que las fuerzas armadas negaran su responsabilidad. Tal tipo de evento no ocurre con demasiada frecuencia: no es común que los militares tomen a diez campesinos de sus casas, torturen a algunos, y los asesinen a sangre fría. Sin embargo, este tipo de evento extraordinario se está incrementando en frecuencia, de nuevo, en El Salvador.
Los actos más comunes de terrorismo de estado que ocurren en El Salvador usualmente no llegan a los noticieros. No aparecen en tal forma que puedan ser interesantes para los lectores y los televidentes. Estos comprenden lo que yo llamaría el terrorismo cotidiano: la presión sistemática aplicada a toda la población día a día. Consiste en el hostigamiento sistemático de todos aquellos que piensan de otra manera; de las organizaciones humanitarias, por ejemplo, que intentan ayudar a las víctimas de la guerra. Consiste en la prohibición sistemática de aquellas cosas que no le gustan al gobierno, el etiquetamiento sistemático, a través de los medios masivos, de toda la oposición como subversiva, como terrorista- etiquetamiento que de alguna manera dispara una consecuencia, una venganza, un peligro de muerte para aquellos que han sido nombrados.
Este tipo de acción cotidiana dirigida a toda la población- el hostigamiento, la presión, el etiquetamiento, el descrédito moral de quien trata de hacer algo significativo a favor de los pobres- es eso lo que yo llamo terrorismo de estado cotidiano. Tal tipo de terrorismo se hace aún más opresor cuando es acompañado por los actos extraordinarios de terrorismo que ya mencionamos previamente.
Consecuencias individuales vs. consecuencias colectivas
Para examinar la tercera dimensión del terrorismo político en El Salvador es útil visualizarlo en términos de sus consecuencias colectivas. Como psicólogo social, entiendo las consecuencias patológicas, individuales, para las personas que han sido sujetas a actos terroristas. Uno puede apreciar con facilidad las consecuencias psicopatológicas para personas que han sido secuestradas, que han sido encarceladas, las personas que han sido torturadas, las que han sido perseguidas y tratadas como animales, las que han sido amenazadas a diario, las que han recibido llamadas telefónicas diciendo " vamos tras tu esposa" "vamos a encargarnos de tus hijos", "o haces esto o verás". Cuando la gente ha experimentado hechos como estos es fácil apreciar sus consecuencias para la psicopatología individual.
Sin embargo son probablemente más importantes, y difíciles de entender y apreciar, las consecuencias colectivas del terrorismo político. Cuando se impone el terrorismo sistemático a la población por parte del gobierno y de las fuerzas armadas, todo el tejido de la vida social se ve afectado. Esto es lo que yo denomino (siguiendo a Weber) una rutinización, o burocratización, del terrorismo político. Se trata de un esfuerzo sistemático para obligar a la población de un país determinado-en este caso El Salvador- a aceptar un proyecto sociopolítico impuesto por un gobierno que no toma en cuenta las necesidades ni las opciones básicas de la población. Su consecuencia es una población aterrorizada por un miedo interiorizado, sin que la gente tenga otra alternativa que alinearse con las opciones políticas que han sido impuestas.
Conflicto de baja Intensidad
Desde finales de los años setenta hasta por ahí de 1983 se llevó a cabo una campaña masiva de terrorismo político en El Salvador. Miles de personas fueron asesinadas, desaparecidas, torturadas, hostigadas, despedidas de sus trabajos, etc. Pero desde 1984, con la llegada del llamado gobierno democrático en El Salvador, con Duarte, las cosas parecían que iban a cambiar un poco. El hecho es, sin embargo, que las cosas no cambiaron. Lo que cambió fue que la población aterrorizada fue reducida a solo dos opciones: ir a las montañas a incorporarse a las filas de los rebeldes o obedecer- al menos hacia afuera- a los programas impuestos por el gobierno. Como resultado, las cifras sobre abusos a los derechos humanos comenzaron a descender, y el gobierno estaba muy satisfecho. !Maravilloso! En vez de 1000 personas asesinadas, ahora eran solo 700 , o solo 300, como si esas 300 no importaran, como si no fuesen seres humanos, como si fueran animales.
En cualquier caso, hubo menos víctimas porque se presentaron menos eventos extraordinarios. Había menos necesidad de eventos extraordinarios, porque la población estaba tan aterrorizada, tan paralizada. Si se examinan los eventos de los últimos años, se apreciara que en tanto la población se recupera de su miedo y vuelve a las calles con manifestaciones demandando sus derechos, la represión empieza a crecer, y se presentan más actos abiertos de terrorismo.
Es importante reconocer cuan complejo es este cuadro del terrorismo político, porque si solo miramos la gente que ha sido torturada, o a quienes han sido desaparecidos o asesinados, vemos solo una cara del terrorismo, pero no tenemos un cuadro completo. También corremos el riesgo de considerarlo tan solo una serie de eventos asilados en vez de lo que realmente es, parte de un proyecto político.
No creo que la contrainsurgencia que conducen en mi país los Estados Unidos y el gobierno salvadoreño- la así llamada (!que palabras más bellas!) "conflicto de baja intensidad"- pueda ser llevada a cabo sin esa parte crítica denominada terrorismo político. Es parte esencial de este tipo de guerra.
Consecuencias psicológicas del terrorismo político
¿Cuáles son las consecuencias de este tipo de terrorismo político, conducido en un país como El Salvador? Permítanme mencionar algunas de ellas. No pretendo ser exhaustivo, ni pretendo que sean las únicas determinantes de la situación. Pero puedo mencionar algunas de las consecuencias psicológicas que he observado- que hemos experimentado- en El Salvador, y que en mi opinión están afectando a toda la estructura de nuestra vida.
El estrechamiento y la rigidización del marco de referencia
La primera consecuencia psicosocial de importancia es lo que yo llamaría el estrechamiento y la rigidización del marco general de referencia para la vida social. La vida social se ha vuelto muy rígida en El Salvador en el sentido de que tenemos muy pocas alternativas.
Resulta maravilloso venir aquí a Berkeley y ver que una persona cree abiertamente tal y tal cosa mientras que su vecino o vecina cree justo lo contrario. Todos ustedes ponen calcomanías en sus automóviles, algunas dicen " Reagan es un tipo estúpido" mientras que otras dicen que Reagan es casi un Dios, y otra dice " Amo a Nancy" mientras que la siguiente dice que Nancy es una tal por cual. !Grandioso! Las personas simplemente se involucran y está bien. Es imposible que algo así ocurra en El salvador. !absolutamente imposible! Porque las alternativas son tan pocas en tamaño y tan pocas en números.
Existe una rigidez y una estrechez del marco de referencia en que la gente tiene que vivir en El Salvador, y, como resultado, la vida resulta estereotipada. La gente se estereotipa una a la otra, y frecuentemente se comportan conforme a estereotipos porque de otra manera se meten en problemas. En las situaciones sociales, si las personas no pueden identificar a aquellos con que interactuan, usualmente prefieren no interactuar del todo. Por lo tanto, crear estereotipos y mantenerlos se convierte en un camino para que la gente se conozca, aunque es un tipo de conocimiento defectuoso, con efectos negativos.
Tomen por ejemplo la forma en la justicia social como valor se convierte en una meta subversiva en El Salvador. Si dices que buscas la justicia social, la gente inmediatamente te mira y dice:
-"eres un comunista, no?". -No, no soy un comunista. -Ah, ¿pero entonces qué eres?
La justicia social se ha identificado como una meta comunista. -Si la justicia social es comunismo, entonces, sí, entonces soy un comunista, ¿por qué no?
Polarización social
Una segunda consecuencia psicosocial cercana a la primera es la de la polarización social, la polarización obligada de los esquemas de vida y de los hábitos de sentido común. La vida se hace polarizada y es dirigida por esquemas morales que ante todo clasifican a todas las cosas, eventos y personas en términos de bueno o malo y todo lo demás se deriva de esto.
No hay cosas placenteras o no placenteras, bellas o feas. Lo único importante es si ella es una de "ellos" o una de "nosotros". Si es una de "ellos" ella es mala. No importa si es bella, placentera, buena persona. !no! es mala porque es una de "ellos". Pero yo soy bueno porque soy uno de "nosotros". Me permito decirles que bajo estas circunstancias de polarización extrema hay pocas opciones para conducirse en la vida cotidiana.
Debilitamiento de la autonomía personal y de la confianza en uno mismo
Un tercer tipo de consecuencia es lo que yo llamara el debilitamiento de la autonomía personal y de la confianza en sí mismo. La gente siempre est buscando claves relativas a como ser percibido en público para evitar meterse en problemas. La vida social se transforma en un juego en que uno tiene que descifrar como aparentar ante los demás, como se debe comportar. Por lo tanto uno ya no piensa en términos originales, en términos de las capacidades o iniciativas propias, sino solamente en términos de lo que se espera y se requiere.
Paradójicamente, esto va acompañado por un refuerzo del individualismo. Cada persona se considera aislada; cada persona tiene que cuidarse a sí misma, y por lo tanto debe comportarse de acuerdo a lo requerido, pero como individuo, sin mirar a los demás, sin intentar organizarse para tener apoyo mutuo. Todo esto, poco a poco, sirve para erosionar la confianza de la gente en si misma, les hace perder fe en sus propios recursos. Ese es el propósito: toda forma de organización es considerada subversiva.
Es grato observar como a lo largo del último año el pueblo salvadoreño ha multiplicado sus organizaciones y sus formas de afirmar su confianza mutua. Es un signo de que el terrorismo político ha fracasado, porque buscaba aislar a la gente y debilitar su confianza en sí misma para que no pudiera, para que no se organizara.
Devaluación de la vida humana
Una última consecuencia psicosocial, muy drástica, que acompaña a las demás, es la devaluación de la vida humana. La vida humana en El Salvador no tiene valor. Puede perderse en cualquier momento, puede ser tomada en cualquier momento, y a nadie le importa. Si a uno de nosotros lo matan hoy, mañana habrá alguna gente que llore y eso es todo; el día siguiente hay que volver al trabajo.
Después de nueve años de guerra civil, después de diez años de terrorismo político, una vida salvadoreña no vale mucho. Si muere un ciudadano norteamericano en El Salvador, ese evento es más importante que si asesinan a 10,000 salvadoreños, porque un norteamericano es un ser humano, y un salvadoreño es......¿subhumano? En cualquier caso, a nuestras vidas se les quitan continuamente su valor con esta política continua de terrorismo político.
Resumen
En resumen, lo que se ha presentado es un marco para entender el terrorismo político en países como El Salvador, en que surgen grupos pequeños y se comportan como terroristas a través de eventos extraordinarios, pero en que por mucho la forma más importante del terrorismo político es el que es apoyado y conducido por el estado. El terrorismo de estado opera a través de políticas sistemáticas de presión sobre la población, demandando sumisión de esta población, aterrorizándola. Y para lograr ese objetivo, de cuando en vez es una buena movida matar a alguien, torturar a alguien, desaparecer a alguien.
Unas palabras más
Los temas que hemos estado tratando aquí no son muy placenteros. Veía las caras de ustedes y me daba cuenta de que no la estaban pasando bien; yo tampoco. No es placentero hablar de estas cosas, todos nos sentimos afectados por ellas, y algunos de estos problemas no tienen soluciones buenas. Yo quiero enfatizar que lo que estamos examinando no son problemas psicológicos individuales sino problemas psicosociales y sociopolíticos; y aunque no se sientan personalmente afectados, son socialmente responsables por ellos. Creo que el hecho de que hayan venido a escuchar es asumir esa responsabilidad.
Quisiera concluir explicando una vez más que es importante enfatizar las dimensiones sociales de las torturas, las desapariciones, las abducciones y el terrorismo. Es importante porque por cada salvadoreño torturado hay por lo menos mil salvadoreños paralizados por el terror. Por cada salvadoreño asesinado hay al menos 10,000 que son obligados a abandonar sus valores y opciones personales. Por cada persona desaparecida hay al menos 100,000 salvadoreños a quienes se niega sistemáticamente su derecho a conducir sus propias vidas y a determinar sus proyectos vitales. Y es por eso que pensamos que aún cuando estamos hablando de problemas psicológicos muy profundos, estamos hablando acerca de problemas políticos. Por lo tanto, si nuestra responsabilidad es la de buscar ayuda psicoterapéutica para las víctimas directas del terrorismo político, todos nosotros- ustedes y nosotros, norteamericanos y latinoamericanos juntos- compartimos la responsabilidad de un proceso de reparación social, que permita a los pueblos de América Latina determinar su propio destino, y sus propias vidas. 17 de enero de 1989
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